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sábado, 24 de diciembre de 2011

La importancia del apego

Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal, nos ofrece en esta presentación que preparó para el primer congreso internacional virtual de matronas una charla magistral sobre Neurobiología del Parto.









Anabel

viernes, 25 de noviembre de 2011

Miedo al dolor

Tener miedo al parto, al dolor, es muy normal. Es normal tener ataques de miedo durante la etapa de la dilatación o la expulsión.

Toda mujer puede soportar el dolor de un parto normal. Su cuerpo está preparado para ello y millones de mujeres en el pasado han hecho lo mismo.

La mujer embarazada debe saber que el miedo al dolor es muy frecuente y también que muchas mujeres eligen tener más de un hijo, lo que quiere decir que si el dolor del parto fuera tan descomunal, seguramente hubieran decidido no volver a tener que pasar por ello….

Al empezar el parto, la mujer, suele espantarse debido al dolor, que aumenta de forma galopante durante las primeras contracciones pero el cuerpo necesita tiempo para acostumbrarse a las contracciones.

Es fundamental no dejarse arrastrar por el miedo. En vez de nadar contracorriente, debe dejarse llevar por la corriente que la arrastra y de vez en cuando descansar cuando las turbulentas aguas se calman. El dolor en necesario. Gracias a él la mujer desconecta del mundo exterior y eso hace posible que tenga lugar el parto.

La mujer debe concienciarse de que cuanto más dolor, mejores contracciones y más rápido se llega al final.



LA ENDORFINA, nuestra aliada.

Cuando ya se llevan tres horas de contracciones fuertes, da la impresión de que la situación es mucho más soportable que al principio.
Esto es así porque al cabo de un tiempo, el cuerpo de la mujer empieza a producir una hormona muy importante de la familia de la morfina. La endorfina que es un analgésico natural.
El cuerpo humano segrega esta hormona cuando está expuesto al dolor y al estrés durante un periodo de tiempo prolongado. Esto no significa que el dolor se suavice, pero la persona en cuestión pierde un poco su capacidad sensitiva, con lo cual lo percibe en menor grado.
El dolor parece menos agudo e intenso y se hace un poco más soportable.
La endorfina hace que la parturienta pierda capacidad sensitiva, con lo cual es más fácil desconectar del mundo exterior y encerrarse en sí misma y, por otra parte, le agudiza el instinto y la capacidad de observación. Ella sabe lo que le sienta bien y lo que no.


ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA SOBRELLEVARLO


-Actitud mental


Se trata de elegir la consciencia, no el dolor; sentir lo que ocurre pero sabiendo que lo podemos superar.

El dolor deja de serlo y se convierte en una sensación dolorosa que nos informa de muchas cosas: de que nuestro hijo ha bajado un poco más por el canal del
parto de que nuestros músculos le ayudan y están trabajando con él.


-Pensamiento positivo

Qué bien, ya estoy de parto!

Voy a conocer a mi bebe, y según las contracciones avancen y sean más intensas ¡Qué bien una contracción menos!

-Luces suaves, intimidad.

Estar en tu espacio, en tu nido, ayuda a soportar el dolor, te sientes tranquila y no observada. También se puede conseguir este ambiente en un hospital.

-Gritar

La gente grita cuando tiene miedo o siente dolor, porque gritar es un mecanismo que libera tensión.

Después de un grito, el organismo se siente mejor. Por eso, y olvidándonos de las convenciones sociales durante unas horas, es importante entender que, cuando nuestro cuerpo nos pide gritar, lo hagamos. Si nos incomoda hacer ruido, nos podemos poner una manopla de baño o cojín en la boca y chillar con todas nuestras fuerzas, alrededor apenas se enteran y se libera mucha tensión.

Baños calientes

El agua caliente (un poco por encima de la temperatura del cuerpo) relaja con gran eficacia la musculatura abdominal.

Además de reducir el dolor, si el parto está bien instaurado, puede acelerar la dilatación.


-Cambiar de postura

Buscar una postura que nos alivie cambia la percepción del dolor.

  • Las posturas verticales (en cuclillas o de pie, con las rodillas ligeramente flexionadas), nos alinean con la fuerza de la gravedad y aumentan el diámetro total de la pelvis, por lo que son recomendables en las primeras fases del parto. Resultan más cómodas y suelen acelerar las contracciones.
  • Las mujeres que sufren dolor de espalda, sin embargo, prefieren arrodillarse con las manos en el suelo (postura de cuadrúpedo), ya que sienten gran alivio al liberar del peso la columna y el sacro.
  • Si preferimos permanecer tumbadas, podemos probar a hacerlo del lado izquierdo (como cuando dormimos), para liberar la columna.
  • Conviene buscar la postura en la que se siente menos dolor, e ir intercalándola con las posturas verticales, que favorecen la dinámica de parto.


Actitud abierta

El dolor es distinto en cada mujer dependiendo de su sensibilidad y su capacidad para relajarse. También influyen el tamaño y la presentación del bebé.
Hay partos sencillos, y partos complicados, al igual que partos cortos y largos. Sea como sea, y aunque hayamos decidido afrontar nuestro parto sin
anestesia epidural debemos estar abiertas a la posibilidad de cambiar de opinión en el proceso. Es importante confiar en nuestras fuerzas, pero también no vivir como un fracaso tener que recurrir a la anestesia.


Extractos sacados del libro "Parto Seguro" de Beatrijs Smulders y Mariël Croon



domingo, 21 de agosto de 2011

EL PARTO CUANDO EL BEBÉ ESTÁ DE NALGAS




Aproximadamente un 3% de los bebés, llegan al momento del parto de nalgas.

Hoy en día, en casi todos los hospitales, por el hecho de que el bebé esté de nalgas, se programa una cesárea.

Esta práctica se realiza en base a un estudio del año 2000, realizado en varios lugares del mundo para ver si realmente haciendo una cesárea antes de ponerse de parto se evitaban casos de muerte de bebés en el parto y al poco de nacer. El resultado fue una tasa de mortalidad del 1,3% en el grupo de parto vaginal y sólo 0,3% en el grupo de cesárea programada. Desde ese año casi todos los ginecólogos recomiendan como primera opción la cesárea programada.

Este estudio se realizó en ámbitos de atención al parto muy medicalizada: un 15% de los partos fueron provocados con oxitocina o prostaglandinas, el 50% fueron estimulados con un gotero de oxitocina, un 25% recibieron anestesia epidural, casi el 100% se realizaron con vía intravenosa y en postura horizontal acostada o semi-acostada, sin movilidad en la dilatación ni en el expulsivo.


Para el ginecólogo Emilio Santos, un parto de nalgas seguro, debe ser atendido en las siguientes condiciones:


-que el comienzo del parto sea espontáneo, no provocado.

-que si está claramente de parto y no progresa adecuadamente, se realice cesárea.

-no realizar rotura artificial de la bolsa de las aguas.

-restringir al mínimo las exploraciones vaginales.

-realizar exploración vaginal o monitorización adecuada del bebé en cuanto la bolsa se rompa para descartar un prolapso de cordón.

-animar a la mama a adoptar postura libre.

Como ya sabemos que las condiciones del parto influyen mucho en el resultado del mismo, deberían realizarse más estudios, de la forma que propone el doctor Emilio Santos y así poder contrastar.


¿ES POSIBLE UN PARTO VAGINAL DE NALGAS?

Si. Ya, en algunos hospitales se están realizando.
En mi opinión, creo que lo más importante es que los profesionales que te atiendan tengan experiencia en este tipo de partos. Según Emilio Santos, lo único que tiene que hacer el profesional “es no hacer nada”, estar expectante, preparado y controlando, pero dejando que el bebé nazca a su ritmo y sin intervenir, mientras no sea necesario.


Emilio Santos Leal, “El mundo de tu bebé, Septiembre 2008

viernes, 5 de agosto de 2011

INSUFICIENCIA CERVICAL. ¿Qué es y cómo se trata?

La insuficiencia cervical es la incapacidad del cuello uterino de permanecer cerrado hasta el final del embarazo. Esto puede producir un parto prematuro.


Se detecta a través de una ecografía transvaginal, midiendo el cuello del útero. No presenta síntomas, aunque si en el primer embarazo hubo insuficiencia es seguro que en los siguientes también habrá.
El tratamiento es hacer un cerclaje uterino, que consiste en cerrar el cuello del útero hasta el final del embarazo.
MI EXPERIENCIA.
Os quiero contar mi experiencia sobre este proceso y contaros cómo me fue con el cerclaje.
En la ecografía de las 20 semanas detectamos que el cuello del útero se estaba abriendo, que se había acortado bastante. El ginecólogo nos propuso poner un cerclaje al día siguiente, en quirófano y con sedación. Nos explicó que era como una cinta apretada que se pone alrededor del cuello uterino para que no se abra.
Como yo ya había tenido un parto prematuro, no quería volver a pasar por ello por nada del mundo, así que, al día siguiente fuimos a la clínica con bastante miedo, ya que el riesgo de hacer esta intervención tan tarde, a las 20 semanas, es que se rompa la bolsa o provocar contracciones.
Todo salió bien y me dispuse a pasarme el resto del embarazo en reposo.
El reposo hay médicos que lo indican y otros no, pero a mí me daba mucha seguridad estar tranquilita y tumbada. Fueron tres meses en reposo, fue duro pero cada día que pasaba y todo iba bien me motivaba para seguir tumbada. Aproveché para conectarme bien con mi hija, para descansar, para olvidarme de todo lo que no fuera mi bebé y yo.
A partir de las 33 semanas o así, empecé a moverme un poquito, pero sólo por la casa y en la 35 dejé el reposo.
El cerclaje se suele quitar a las 37 semanas que es cuando el bebé ya no se considera prematuro. A nosotras no nos dio tiempo a llegar, había dejado el reposo en la 35 y en la 36 me puse de parto con cerclaje y todo, no hubo ningún problema, me quitaron el cerclaje y a parir.
Ahora sé que si hubiera aguantado un poco más de reposo, ella también hubiera estado más tiempo en la barriga, por lo tanto para mí el reposo además del cerclaje fueron fundamentales para que Amaya llegara a las 36 semanas.